CAPÍTULO IV
UN PESAR INTERMINABLE
“Erguida en tu silencio y en tu orgullo,
no sé con qué señor que te enamora,
comentas a manera de murmullo:
¡Mirad ese es el hombre que me adora!
Yo sé que mi cariño recriminas,
es claro, tú no entiendes de esas cosas,
¿qué sabe del perfume y las espinas,
quien nunca estuvo al lado de la rosas?
Yo sé que ni te busco, ni te sigo,
que nada te mendigo, ni reclamo,
comento, nada más con un amigo:
‘Esa es la mujer que yo más amo’.”
(José Ángel Buesa; Cuba, 1910 – 1982)
LAS SEMANAS SIGUIENTES a la declaración de Guille a su hermana, se convirtieron en un verdadero calvario para él.
Guille jamás pudo pensar, ni en sus peores pesadillas, que su vida iba a convertirse en un infierno. Teté se encargó de ello y lo hizo a conciencia. Su hermana no desaprovechó ninguna ocasión para burlarse de él de la forma más cruel que pudo encontrar. Desde recordarle lo poca cosa que ella le consideraba, hasta salir del baño sólo con la toalla envolviendo su cuerpo cuando sabía que él estaba esperando para entrar.
Además de todo eso, Guillermo experimentó una sensación nueva para él y que nunca antes había sentido. Antes de confesarle su amor a Teté, cuando ya la amaba pero no se había atrevido a decírselo, cuando la observaba de lejos sin casi atreverse a soñar con ella, no sentía esa desazón que le aprisionaba ahora, esas ansias y ese dolor que le atenazaba el pecho cada vez que la veía coqueteando o hablando con otros chicos. Jamás había experimentado los celos, nunca pensó que ese sentimiento pudiera existir y ser real, y que pudiera ser además tan doloroso.
También era cierto que antes su hermana no aprovechaba la menor ocasión en que él estuviera cerca, para hablar y reír con otros chicos de forma tan escandalosa; incluso para dejarse abrazar y achuchar como nunca antes había permitido a nadie.
–Chicos –llamó Boliche–. Acercaos un momento.
Cuando David y Guillermo estuvieron pendientes de él, Boliche continuó:
–La semana que viene es el aniversario de mi hermana, y la otra el mío –anunció–. Así que este año mis padres han decidido celebrarlos juntos.
–¿Qué rollo no? –dijo David–. Una fiesta en lugar de dos. Eso no vale, porque los regalos continúan siendo dos.
–Una fiesta –dijo Boliche–, pero a lo grande.
–¿A lo grande? –se interesó Guille.
–Mis padres han alquilado ese pequeño pub que hay debajo de nuestra casa –continuó Boliche–. La tarde del domingo lo cerrarán sólo para nosotros.
–¡Joder, que fuerte! –exclamó David–. ¿Y habrá barra libre?
–Claro, pero sin alcohol –precisó Boliche.
–¡Pues vaya! –se volvió a quejar David.
–Bueno ya lo sabéis, estáis invitados todos.
Yolanda y Teté se acercaron en ese momento.
–¡Qué fuerte ¿no?! –dijo Teté–. ¿Ya os lo ha contado Boliche?
–Sí –reconoció David–. Será estupendo. Bailoteo, agarre . . . –continuó, mirando a los ojos a Yolanda.
–¿Verdad que sí? –preguntó Yoli acercándose más a David.
–A ti te va a venir de maravilla ¿no? Guille –dijo Teté.
–A mí, y eso ¿por qué? –preguntó él receloso.
–Bueno como hay poca luz podrás pillar algo ¿no? Porque a plena luz lo tienes difícil.
–Eres muy graciosa, Maritere
–¡Huy! Perdona –le dijo irónicamente–. Me olvidaba que ya tienes a tu Dulcinea. Y ya se sabe –continuó cruelmente–, que los amores platónicos no necesitan de caricias y besos. ¿O me equivoco? –le dijo mientras se alejaba.
–Tío –dijo David–, no he entendido nada. ¿Quién es Dulcinea? ¿La conocemos?
–Vamos David –se excusó Guille–, ¿no ves que no es más que una broma de Teté?
–¡Ah, bueno! –dijo David, mientras Boliche miraba a su amigo intentando entender algo más allá de las palabras que se habían cruzado Guille y su hermana–. Creí que salías con alguien sin habérnoslo dicho.
–No salgo con nadie –reconoció Guille–. Y creo que como dice mi hermana, lo tengo crudo.
MIENTRAS LA MÚSICA continuaba sonando, David volvió de la pista de baile sudoroso y con el ritmo todavía en el cuerpo. Mientras recogía su refresco, la música cambió y comenzó el turno de lentos.
–¡Hey! Ahora si que sí –dijo David–. Venga Guille, ¿no piensas bailar?
–Mira tío, déjame en paz ¿quieres? –exclamó Guille de forma antipática.
–Joder tío, ¿se puede saber que te pasa? –dijo Boliche.
–A mi no me pasa nada –respondió Guille con evidente mal humor.
–Ya, pues estás de un borde que mata –dijo David–. Bueno yo me voy a bailar.
–A mi no me engañas –dijo Boliche–. Además, ¿a qué viene esas miradas tan insistentes a Teté?
–¿Pero tú la has visto? –se quejó Guille.
–Pues sí, supongo –dijo Boliche mirándola sin entender nada.
–¿Qué no ves que está coqueteando con todo el mundo?
–Bueno, ¿y qué?
–¿Cómo que y qué? ¿Cómo que y qué? –gritó desesperado Guille–. Mira como se arramba al tío ese. ¿Tú crees que eso es normal?
–Pero Guille, ¿a ti que más te da? –dijo Boliche intentando encontrarse con los ojos de su amigo.
Mientras tanto Guille se había sentado en uno de los sillones tapándose la cara con las manos. Boliche no entendía lo que le ocurría a su amigo.
Guillermo levantó los ojos para mirar a Boliche. Luego volvió a mirar a su hermana que ahora se encontraba bailando un lento pegadísima a uno de los chicos invitados. La cara de desolación y tristeza que expresaba la cara de Guille, despertaron por fin los sentidos de Boliche.
– ¡Dios! –exclamó–. Tú estás celoso de tu hermana. ¿Estás enamorado de Teté? –afirmó más que preguntó con voz triunfal.
Guille no contestó. No hizo falta. Su silencio unido a la cara de desesperación fue suficiente para que su amigo diera por confirmada su suposición.
–¡Esto es genial, tío! –exclamó.
–¿Genial? –grito Guille– ¿Genial? ¿Pero tú estás tonto o qué? ¿Qué concepto tienes tú de lo que es genial? Es una putada inmensa –dijo apunto de llorar.
–Bueno, perdona –se excusó Boliche–. Pero ¿por qué no puede ser genial? ¿Por qué no le dices lo que sientes? A lo mejor ella siente lo mismo por ti.
–Por que . . . –dudo Guille–. Porque ya se lo he dicho.
–¿Y qué? –preguntó intrigado Boliche–. Venga tío explícate que hay que sacarte las palabras con un sacacorchos.
–¿Y qué? Pues que no sólo me ha rechazado, sino que además se ha reído de mí, la muy . . .
–Venga, venga –le interrumpió Boliche–, contrólate.
Los dos se quedaron callados al tiempo que continuaban observando a Teté, mientras esta continuaba bailando, en actitud bastante cariñosa con otro de los chicos.
–Oye –dijo Boliche–. Entonces esas miradas que te echa de vez en cuando, ¿a que vienen?
–Pues simplemente para burlarse de mí. Sólo para ver lo mal que lo paso. ¿Para qué sino?
–Joder con la niña –exclamó Boliche–, vaya mala uva que se gasta, ¿no?
A Guille se le aceleró el corazón cuando se dio cuenta que Teté se acercaba a él con paso lento. Pensó que con esa faldita tan corta y esa blusa estaba realmente rompedora. Dios, pensó, porque he tenido que enamorarme de ella. De todas las chicas del mundo he tenido que elegir a la que tiene el corazón más frío. Pero es tan . . ., es tan bonita, es tan preciosa. Y esa boca, y esa figura y esas manos.
–¿Qué haces ahí sentado Guille? –le preguntó–. Anda ven a bailar conmigo.
–No tengo ganas de bailar Maritere –se excusó él.
–Venga hermanito, sé que lo estás deseando –luego acercándose mucho a él y bajando la voz le dijo: –Podrás cogerme de la cintura –para añadir luego en voz alta: ¿No me dirás que no sabes bailar? ¿O es que te da vergüenza?
–Sé bailar perfectamente y no me da vergüenza nada –se envalentonó él.
–Pues venga –dijo Teté cogiéndole de la mano y arrastrándolo hacia el centro de la pista–. Venga niño, a que esperas para cogerme –le dijo con una sonrisa en los labios.
Guille le puso las manos en su cintura, mientras ella le pasaba los brazos por su cuello, al tiempo que acercaba su cuerpo al de su hermano.
–¿Por qué me haces esto Teté? –le dijo él casi llorando.
–Esto va por todas las bromas y gamberradas que me has hecho –le reconoció–. Me gusta ver lo mal que lo pasas ahora.
Mientras le decía esto, Teté acercó sus labios poco a poco a los de Guille. Cuando apenas los tenían separados, Guille hizo intención de besarlos, pero Teté que lo estaba esperando, los retiró bruscamente.
–Ni lo sueñes, niñato –le dijo–. No se ha hecho la miel para la boca del asno.
Eso fue superior a las fuerzas de Guille. Se separó de su hermana cuando notó que las lágrimas caían por sus mejillas. La dejó en el centro de la pista mientras se dirigía a la puerta para marcharse. Boliche, que lo vio, se acercó a él.
–Tío, no te puedes ir, a mí hermana le va a sentar fatal.
–Pero Josemari, ¿tú has visto lo que me hace?
–Sí tío, es alucinante. Vaya forma de provocar, ¿no?
–¿Qué puedo hacer? –preguntó desesperado Guille
–Hey tíos –dijo David–, que hay de nuevo.
–Pues resulta que tenemos a Guille enamorado –soltó Boliche.
–Sí hombre –se quejó éste–, ¿por qué no lo publicas en el periódico?
–Qué guay, ¿no? –dijo David–. ¿Y quién es la afortunada?
–Pues, su hermana –continuó su amigo.
–¡Joder Boliche! –Guille empezó a sentirse abandonado.
–Tío, somos amigos, tiene derecho a saberlo –se justificó su amigo.
–¡Qué suerte tienes, con lo buena que está! –exclamó David.
–Pero el problema es que ella no le hace ni caso. Bueno, en realidad, si le hace caso, pero sólo para darle celos.
–Joder, que mal rollo, ¿no? –dijo David–. Pues pasa de ella, tío.
–Ya –dijo Guille–. ¿Tú no has estado nunca enamorado, verdad?
–Pues no –reconoció David–. Bueno, hay alguna piba que me gusta, pero de ahí a estar enamorado . . .
–Ya veo –dijo Guille–. Tío, las cosas no funcionan así.
–Que lo tiene roto, macho –confirmó Boliche–. Lo tiene totalmente destrozado.
–¿Y qué vamos hacer? –preguntó David.
–Pues no sé –reconoció Boliche.
–Bueno, pues cuando tengáis alguna idea me avisáis –dijo David–. Yo mientras voy a continuar bailando con tu hermana –le dijo a Boliche.
–Oye –Boliche le cogió por el brazo–, tú y mi hermana, ¿qué rollo os traéis?
–Tío, rollo ninguno –reconoció David.
–David –dijo Boliche–, te vigilo aunque no te lo creas. Ni se te ocurra pasarte un pelo con ella.
–Venga tío, que soy yo –intentó excusarse David.
–Por eso lo digo –insistió Boliche–, que tú eres un viva la virgen. Si me entero que le haces daño, te juro que te capo.
–Venga hombre, que voy con buenas intenciones –se justificó David–. Tu hermana me mola. Y parece que yo a ella también –dijo con una sonrisa en la cara.
–De acuerdo –asintió Boliche–. Pero controlando, ¿eh?
–Claro, claro –dijo David mientras se alejaba y cogía a Yolanda por la cintura para llevarla hasta el centro de la pista de baile.
–Este no cambiará nunca –se quejó Boliche.
Mientras tanto, Guille se había alejado de la pista de baile y se había refugiado en unos sillones más apartados, donde la penumbra hacía difícil el que lo divisaran. Desde allí podía observar a los chicos y chicas que bailaban sin estar él mismo a la vista de ellos.
Desde allí observó como su hermana intentaba localizarlo con la vista mientras continuaba bailando y riendo entre varios chicos. Cuando Teté vio que no lo podía encontrar, se despidió de los chicos que la rodeaban con la excusa de ir a buscar un refresco. Vio cómo David continuaba bailando cada vez más agarrado a Yoli, y como su hermana se acercaba a Boliche.
–Hola Josemari –dijo Teté–, ¿sabes dónde está mi hermano?
–Pues hace rato que no lo he visto –mintió Boliche.
–Ah, bueno. Voy a seguir bailando un poco más.
Cuando Teté se alejó, Boliche se dirigió donde estaba Guille con cuidado de que ella no lo viera.
–¡Hey, tronco! –lo saludó–. ¿Cómo estás?
–Ya ves. Por aquí pasando el rato como puedo.
–Oye, tu hermana es insaciable. Como no te veía ha venido a preguntarme por ti.
–Ya lo he visto.
–Tío, no entiendo esa inquina contigo. Ese afán de hundirte en la miseria.
–Espero que se le pase pronto. Sabía que se podía burlar de mí cuando le dije mis sentimientos, pero no pensé que me atormentaría de esta manera
Mientras Guille y Boliche estaban conversando se acercó Yoli.
–Oye Josemari, puedes ayudarme un momento.
–Claro, vamos. Ahora vuelvo –le dijo a Guille.
Cuando este se quedó sólo se recostó en el sillón y cerró los ojos. Dejó que la música, lenta y romántica intentará relajarlo un poco. Pero fue imposible. Joder, se dijo, parece que la pongan expresamente para mí. La canción que sonaba en ese momento volvió a traerle todo su sufrimiento a la mente y a su corazón.
Qué debo hacer para que te fijes en mí
Para ganarme tu amor y calmar este dolor
Pues que no ves que ya no lo puedo ocultar
Que desearte me hace mal
Que necesito tu calor
Y yo daría todo por tí
Yo por ti podría morir
Dime qué otra cosa puedo hacer
Para derrumbar esta pared
Que no te deja verme como soy
Y me prohíbe el paso hacia tu amor
Dime cómo hacer para lograr
El poderte un día enamorar
Dame alguna pista o dirección para conquistar tu corazón o no puedo más
Tal vez será que me queda grande tu amor
Que mereces algo mejor
Que el destino me engañó
Incierto es todo lo que pueda pasar
Por eso nada voy a esperar
Te amaré sin condición
Y yo daría todo por tí
Oh yo por ti sin condición
Y yo daría todo por ti
Oh yo por ti podría morir.
Mientras se dirigía hacia la salida secándose las lágrimas, se volvió a preguntar si no se iba a acabar nunca esa tortura, ese pesar interminable.
FIN DEL CAPÍTULO IV
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