CAPÍTULO V
LA SONRISA DE LA VANIDAD
“Ninguna mujer hay que yo no quiera,
a todas amo y soy aficionado;
de toda suerte, condición y estado,
todas las amo y quiero a su manera.
Adoro la amorosa y la austera,
por la discreta y simple soy penado,
y por morena y blanca enamorado,
ora sea casada, ora soltera.
Todo lo que Dios cría es buena cosa,
tan mujer es aquesta, como aquella,
lo que tiene la una, la otra tiene.
Agora sea fea, agora hermosa,
siempre es tenella por hermosa y bella,
que en la mujer el hombre se conviene.”
(Anónimo; España, siglo XVIII)
–A VER HERMANITA –dijo Boliche–, tenemos que hablar muy seriamente contigo.
–¿Se puede saber que os pasa? –les preguntó con recelo y fijando su mirada en David.
–No sé si te has dado cuenta que Guille está un poco . . . triste, últimamente –aventuró su hermano.
–Pues no sé, la verdad es que no me he fijado –mintió ella.
–Venga Yolanda –le dijo su hermano–. Estoy seguro que sabes perfectamente lo que le pasa.
–No sé a qué te refieres –continuó ella con evasivas.
–Tú eres la mejor amiga de Teté. Y estoy convencido que te lo ha contado todo –insistió él.
–¿Qué me ha contado qué?
–Vamos hermanita, ¿me vas a obligar a repetírtelo todo? –le preguntó Boliche–. De acuerdo, Yoli, de acuerdo –claudicó finalmente–. Sabemos que Guille se ha declarado a Teté y que ésta lo ha rechazado.
–Pero . . .¿quién os lo ha contado? –se extrañó Yoli.
–Yoli, por favor –dijo su hermano–. Soy amigo de Guille de antes que Teté viniera aquí y vosotras os hicierais amigas.
–Bueno –reconoció ella por fin–, también yo sé toda la historia.
–Pues acortemos camino. Guille está colgado por Teté, pero Teté no lo está de él –resumió Boliche–. Hasta aquí no hay más problema que los normales de las calabazas.
–¿Pero . . .? –preguntó Yoli.
–Pero lo que no nos parece bien es cómo Teté atormenta y hace sufrir a Guille.
Boliche y su hermana permanecieron callados durante unos instantes. David, que hasta entonces había permanecido callado, fue quien intervino en la conversación.
–Lo que está haciendo Teté a su hermano –dijo dirigiéndose a Yoli– es muy cruel, ¿no crees?
La expresión de Yoli al mirar a los ojos de David cambió totalmente. Ese cambio no pasó inadvertido a su hermano; estaba claro que Yolanda se derretía por David, así que Boliche le pegó un codazo a este para que continuara hablando.
–Verás –continuó David–, es que . . . , es que . . . es muy duro ver llorar a un amigo y no saber que hacer para consolarlo.
–Tienes razón –dijo ella dirigiéndose a David exclusivamente–. Y yo ya le he dicho a Teté que no me parece bien lo que está haciendo. Si no quiere salir con él, que se lo diga y asunto zanjado, pero no está bien coquetear con alguien que sabes que está enamorado de ti, sabiendo que no quieres nada con él –Yoli se había ido acercando cada vez más a David. Este no se retiró; continuaron mirándose fijamente a los ojos.
–Yo . . ., creo que si alguien te atrae –dijo David–, has de saber si esa persona también siente algo por ti, aunque a veces eso es difícil, si esa persona no te manda mensajes claros.
–A ver chicos –intervino Boliche–, creo que nos estamos desviando del tema.
Los dos se separaron, mientras David carraspeaba. Estaba claro que por unos momentos se habían olvidado de la presencia de Boliche.
–Yoli –continuó su hermano– ¿estarás de acuerdo con nosotros que no hacemos daño a Teté si intentamos que Guille la olvide, ya que a ella no le interesa?
–No, supongo que no –reconoció Yolanda.
–Bien, se trata de conseguir eso. ¿Tú sabes si hay alguna chica del instituto que esté por él? –preguntó Boliche.
–Supongo que habrá varias. No sé . . . –pensó Yoli–. Está María ó Mónica –se quedó callada durante unos segundos pensando–. Bueno y todo el mundo sabe que Lorena se lo come con los ojos cada vez que lo ve; aunque esa se come a cualquiera.
–Sí –reconoció David–, la verdad es que Lorena se puede comer a quien ella quiera.
–¿Qué quieres decir con eso? –preguntó con tono arisco Yoli.
–No . . . , esto . . . quiero decir que, claro . . . , que Lorena es un poco . . ., bueno ligera de cascos ¿no? Con ese cuerpo y esas . . . , esas . . . , bueno, esa delantera.
–No todo está en la delantera, ¿no crees? –le preguntó claramente molesta–. El cerebro no está en las tetas, todavía.
–No, no, claro . . . –negó David–. Sólo era un comentario.
–Bueno, pues decidido –intervino Boliche para descanso y salvación de su amigo–. Hablaremos con Lorena, ¿verdad David?
–¿Eh? ¡Ah, sí, sí, claro! –afirmó este–. Lo que haga falta.
MIENTRAS SE ACERCABAN a Lorena iban empujándose uno a otro. Esta se encontraba con su grupo de amigas y algún que otro moscón dando vueltas a su alrededor. Algunas de sus amigas le hicieron un movimiento de cabeza para indicarle que tenía alguien detrás que la buscaba. Cuando se volvió, se encontró con Boliche empujando a David, el cual quedó frente a ella.
–Ah, hola, Lorena –balbuceó.
–Hola chicos. David, Boliche –dijo ladeando la cabeza para que éste último la viera, escondido como estaba detrás de David.
–Hola . . . Lorena –contestó él.
–¿Me buscabais? –preguntó ella.
–Bueno, sí. Verás, es que queríamos hablar contigo –dijo David.
–Pues aquí me tenéis –les dijo mientras giraba la cabeza hacia sus amigas para reírse con ellas.
–Ya. Pero queríamos hablarte a sola. Es algo delicado –se atrevió a decir Boliche.
–Bien, de acuerdo. Vamos hacia allí –dijo ella, señalando una esquina vacía.
–Antes de nada, Lorena, quisiéramos que esto quedara entre nosotros –indicó Boliche cuando estuvieron solos.
–¡Cuánto misterio! –dijo ella.
–No, no es misterioso –dijo David–. Sólo un poco confidencial. Sobre todo no tiene que enterarse Guille.
–¿Guille? –a Lorena se le abrieron los ojos–. ¿Qué tiene que ver Guille con esto? ¿Os ha enviado él?
–No, no –saltó Boliche–. Todo lo contrario. Si se entera que hemos hablado contigo es capaz de no dirigirnos la palabra nunca más.
–Y eso ¿por qué?
–Por que no quiere que te enteres que . . . –empezó David.
–¿Qué no me entere de qué? Vamos chicos –dijo Lorena un poco excitada–. Me estáis poniendo nerviosa.
–Bueno, verás –dijo Boliche al tiempo que miraba a David–. No sé si te has fijado que últimamente Guille está un poco triste. Vamos que no está muy alegre.
–Sí –dijo Lorena–, algo he notado. ¿Es qué está enfermo?
–No. Es que está . . . enamorado –dijo por fin Boliche.
–Vaya –exclamó Lorena con un tono de clara decepción.
–Sí –insistió David–. Está enamorado, pero lo que pasa es que Guillermo es muy tímido en el trato con las chicas y no se atreve a decírselo.
–Ya. ¿Y yo que queréis que haga? –dijo empezando a mosquearse–. ¿Qué le dé lecciones?
–No, Lorena, no. Lo que ocurre es que la chica que le gusta es . . ., eres tú –Boliche lo soltó como una pedrada.
Lorena se quedó callada. No se esperaba una revelación como esa, tan directa. Mentalmente pasó revista a todos sus encuentros y conversaciones con Guille para intentar detectar algún comportamiento que corroborara lo que le acababan de revelar David y Boliche. Le pareció que quizá sí, en algunas ocasiones lo había notado un poco intimidado en su presencia. Y tal vez aquel día que estuvo a punto de abrazarla . . .
–Lorena, por favor –David interrumpió el curso de sus pensamientos–, sobre todo que él no se entere que te lo hemos dicho.
–Pero por qué no se atreve a decirme nada? –preguntó ella intrigada.
–Es que es muy tímido con las chicas –repitió Boliche–. Y la verdad, tú siempre estás rodeada de los guaperas del instituto, y claro él se siente un poco amedrentado –Boliche se lanzó ahora a fondo–. Pero cuando estamos solos no para de hablarnos de ti. La verdad es que lo tienes totalmente roto.
–Nosotros hemos pensado –intervino ahora David–, que si a ti también te gusta un poco, pues, . . . , bueno, quizá podrías acercarte un poco tú a él.
–La verdad es que no me es indiferente –reconoció Lorena–. A pesar de lo bestia que es, siempre he pensado que debe ser una persona cariñosa –dijo pensativamente. Luego volvió a la conversación con ellos: –Pero ¿y el numerito del otro día? Quedó claro que él y Teté son novios.
–¡Venga! –intervino Boliche–. ¿No te creerías ese cuento?
–¿Estás seguro que es un cuento?
–¿Te crees que si fuera verdad, nosotros no lo íbamos a saber? –preguntó Boliche–. Además, como iba a ser Guille novio de una pija como Teté.
–Eso fue un montaje de su hermana para echarse un farol delante de Humberto –dijo David.
–Pues el beso fue espectacular –dijo Lorena con cara preocupada.
–A él lo cogió tan de sorpresa como a todos. Te puedo prometer –le dijo David–, que la chica que le gusta de verdad eres tú.
–Bueno, suponiendo que sea cierto todo lo que me habéis contado, ¿qué queréis que haga yo? –preguntó Lorena.
–Pues hemos pensado que si tú te acercaras un poco a él, no sé quizá para invitarle a algo, quizá a Guille le sería más fácil decirte algo. Si es que a ti te gusta, claro –añadió Boliche.
–No, si gustarme me gusta –reconoció por fin Lorena–, pero, y si todo lo que me habéis contado es mentira y me da calabazas delante de todos, ¿qué pasará? ¿Cómo pensáis que quedaría yo?
–Lorena –dijo Boliche–, te aseguro que eso no pasará. Te lo prometo.
–Bueno –dijo ella–. Me lo pensaré, pero no os aseguro nada.
–Gracias Lorena –dijo Boliche–. Y sobre todo que él no se entere que hemos hablado contigo, porque es capaz de caparnos.
–No os preocupéis, por mi no sabrá nada.
Cuando se separaron, estuvieron andando algunos metros en silencio hasta que estuvieron seguros que ella no podía oírles. El primero en hablar fue David:
–Pero tío, tú estás loco. ¿Cómo se te ocurre asegurarle que él no va a decirle que no? Si sólo tiene ojitos para Teté. Si es que cuando Lorena se le acerque ni siquiera le dirigirá la palabra y si Lorena le cuenta porque lo ha hecho, Guille nos mata. Y si no lo hace él, lo hará ella por la vergüenza que habrá pasado.
Mientras David continuaba vaticinando exasperado lo que iba a ocurrir y las pocas horas de vida que les quedaban, Boliche continuaba andando con una serenidad pasmosa. Cuando a David ya no le quedaban más desgracias que echarse sobre sus cabezas, intervino su amigo:
–Todo eso no pasará –dijo.
–¿A no? ¿Y por qué? –preguntó David irónico.
–Porque no le va ha decir que no. Lo conozco como si lo hubiera parido –sentenció Boliche–. Y después que yo hable con Guille podría venir la más fea del instituto y no la rechazaría –dijo sin recato–. Ahora déjame a mí y observa al maestro.
Buscaron a su amigo durante un buen rato, hasta que lo encontraron sentado en un banco. Su expresión era triste y descuidada. Estaba claro que no lo estaba pasando nada bien.
–Guille –le dijo Boliche–, tenemos que hablar contigo muy seriamente.
–Ya lo sé tíos, tengo que alegrarme e intentar olvidarla, pero es que no puedo.
–No se trata de eso, tío. Han venido unas amigas de Lorena ha hablar con nosotros.
–¿Y qué querían? –preguntó extrañado Guille.
–Hablarnos de ti.
–¿De mí? No entiendo por qué.
–Pues parece ser que, según esas amigas, Lorena se muere por tus huesitos. Vamos que está enamorada de ti –mientras Boliche hablaba David se mantenía callado, asintiendo con la cabeza de vez en cuando.
–Pues lo siento por ella –dijo Guille–. Es una buena chica. Y bonita. Entiendo por lo que debe estar pasando. Pero yo no estoy en estos momentos como para darle guerra.
–Eso mismo les dijimos nosotros. Quiero decir –rectificó–, que les dijimos que creíamos que no estabas interesado en ella.
–Bueno pues asunto zanjado –dijo Guille.
–No exactamente –dijo Boliche.
–¿Cómo que no exactamente? –preguntó Guille–. ¿Qué quieres decir con eso?
–Verás, según estas amigas, Lorena está tan desesperada por el hecho de que tú ni te la miras que es posible que venga ella ha hablar contigo para ver si quieres salir o algo así.
–Pues se va a llevar un disgusto –dijo Guille.
–Ahí está el problema –exclamó Boliche.
–¿Dónde?
–Pues tú imagínate que viene cuando estamos todos juntos y te invita, es un suponer Guille, a salir. Y vas tú y con tu característica diplomacia y sutileza le dices que se busque otro burro para esa yunta. Tío, la haces polvo delante de toda la clase. Vamos, es posible que no levante cabeza en todo el curso.
–¿Y yo qué quieres que le haga?
–Además –continuó Boliche–, acaba de salir de una relación en que parece ser que el chico con que salía la dejó por otra.
–Boliche –insistió Guille–, lo siento mucho, pero repito ¿qué quieres que yo le haga?
–Pues que no le digas que no.
–¡Venga hombre!
–A ver Guille, sal con ella y luego cuando estéis solos le dices lo que le tengas que decir, pero no la hundas en la miseria delante de toda la clase.
–Pero Boliche, no me apetece nada salir con ella.
–Ya me lo imagino colega, pero se trata de una obra de caridad.
–No sé si no se me notará mucho –continuó Guille poniendo excusas.
–Además –David intervino por primera vez, cuando le vino a la cabeza una idea que consideró luminosa–, quizá si te ve con ella las cosas cambien.
–¿Qué? –preguntó Guille sin entender.
–Pues que si Teté –Boliche cazó la idea de David al vuelo–, te ve en situación cariñosa con Lorena, quizá le entren un poco los celos. No sé, las mujeres son algo extrañas.
–¿Vosotros creéis que Teté se pondría celosa? –preguntó Guille un poco más interesado.
–Bueno si tú estabas a rabiar por verla bailando con otros, quizá si ella te ve dándote un morreo o el lote con Lorena, quizá también se ponga celosa.
La idea de Boliche y David le había levantado el ánimo. Tal vez tenían razón, quizá podía despertar los celos de Teté con Lorena. No le apetecía demasiado montárselo con Lorena, pero lo que había dicho Boliche también era cierto; si Lorena se había decidido a pedirle para salir no podía darle calabazas delante de toda la clase. Eso la hundiría aún más, después de la relación que Boliche había dicho que había terminado.
Cuando el timbre sonó anunciando la entrada en clase, Guille la vio. Y cuando la miró, observó que ella también lo miraba. Creyó distinguir un interés hacia él en su mirada; el mismo interés que creyó distinguir Lorena en la suya. Cuando sus miradas se encontraron los dos esbozaron una débil sonrisa. Mientras tanto Boliche y David los miraron a los dos para comprobar cómo funcionaba su plan. Luego fijaron involuntariamente su vista en Teté. También ella miró intrigada a Guille al notar que en varios días no era a ella a quien miraba. Cuando observó las miradas que Guille y Lorena se dirigieron se extrañó, pero aún más cuando observó en los dos una ligera sonrisa. FIN DEL CAPÍTULO V
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