lunes, 04 de agosto de 2008
Publicado por Desconocido @ 6:20  | Viaje hacia el amor
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CAPÍTULO VI

UNA HELADA EN EL CORAZÓN


“Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era el que te amaba más.

Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
pero a ti no te amarán como te amaba yo.”
(Ernesto Cardenal; Nicaragua, 1925)


 –OYE TETÉ –le dijo Lorena–. Lo que contaste el otro día sobre que tu hermano era tu novio . . .

 –Era una excusa para quitarme a Humberto de encima. ¿Cómo va ha ser mi novio el niñato ese?

 –¡Ah, bien! ¿Entonces no te importará que yo intente entrarle, no?

 –¡Tú! –se sorprendió Teté– ¿A Guille? Bueno . . . , claro que no, yo . . .  A ver, puedes hacer lo que quieras –terminó diciendo un poco bruscamente.

 – Gracias Teté –le dijo Lorena, marchándose.

 Teté se quedó ligeramente desconcertada y sorprendida. ¿Guille y Lorena? ¿Pero que interés podía encontrar Lorena en Guille? Si es un salvaje, se dijo. Ni siquiera sabe tratar a una chica. Bueno tampoco debía preocuparse demasiado, pensó, ya que como Guille está enamorado de mí no le hará ni caso a Lorena. Pero, ¿y la guarra esa?, se dijo, ¿qué le habrá visto a Guille? La verdad es que Teté estaba hecha un lío. ¿Qué le importaba a ella con quién saliera Guille? Además, él pasará de ella, seguro, se insistió a sí misma.

 ¿Tenía Guille algo que ella no había sabido ver? Bueno, se dijo, es divertido, y simpático cuando quiere. Pero es un cafre. Sus bromas son insoportables, y ella lo sabía por propia experiencia. Aunque ahora hacía mucho tiempo que no le gastaba ninguna. ¿Pero cómo podía gustarle Guille a Lorena? La zorra esa, se dijo, podía tener al que quisiera. Con ese cuerpo. Esas tetas y ese culo. Todos los chicos del instituto babeaban por ella. ¿Y ella se interesaba por su hermano? Vamos, había que tener el cerebro de mosquito para llegar a eso. Ese debía ser probablemente el problema de Lorena.

 Durante todo el día estuvo observando a Lorena y vio como ella y Guille se intercambiaban alguna mirada que no supo clasificar. Continuó observando el comportamiento de Lorena hasta que al final por la tarde pudo comprobar como Lorena y sus amigas parecía que se dirigían hacia Guille, que continuaba discutiendo y riendo con David y Boliche. Sin saber exactamente por qué respiró aliviada cuando vio que no se detenía para hablar con su hermano. Más tranquila se volvió hacia Yoli diciéndole:

 –¿Bueno qué, nos vamos?

 Cuando se giraba para marcharse con su amiga, vio como Lorena volvía a acercarse en sentido contrario pasando de nuevo por detrás de Guille, mientras sus amigas se reían nerviosamente. Esta vez pudo observar como los ojos de Boliche y David la seguían, para luego mirarse los dos entre sí.

 –Espera –le dijo a Yolanda.

 –¿Qué te pasa Teté? –se extrañó esta.

 –Nada en especial, pero . . ., mira a Lorena –le dijo.

 De nuevo esta se acercó a Guille. Está claro, pensó Teté, que no se atreve a aproximarse a Guille. ¡Que lo haga, se dijo a sí misma, y verá el bufido que le pega Guille!

 Hicieron falta dos paseos más para que Lorena se decidiera. Sus amigas se retiraron un poco mientras ella se aproximaba a Guillermo.

 –Mira, mira –dijo Teté a Yoli–. Verás algo divertido. Esta guarra se va a llevar un buen chasco.

 –Guille –llamó Lorena con voz un poco temerosa.

 –Hola Lorena –dijo Guille al volverse y encontrarse con ella frente a frente.

 Sus amigos, David y Boliche, también se retiraron entonces discretamente para dejarlos solos. Los dos permanecieron en silencio durante unos segundos. Lorena no sabía exactamente como empezar la conversación. Mientras tanto Teté se había ido acercando de forma disimulada hasta quedar a una distancia suficiente como para oír lo que hablaban.

 –Verás –dijo Lorena–, tengo un pequeño problema y pensaba que tú a lo mejor me ayudabas a solucionarlo.

 –Si está en mi mano, cuenta con ello –se ofreció Guille.

 –Es que . . ., me gustaría ir a ver la película del Condal.

 –¿La de zombis? –preguntó extrañado él.

 –Si, pero . . ., es que estas películas me dan mucho miedo y no quiero ir sola –dijo ruborizándose–. Y he pensado que quizá tu . . . quisieras acompañarme.

 –¿Yo? –alucinó Guille–. ¿Por qué yo? Cualquier chico estaría encantado de acompañarte.

 –Ya. Pero no para ver la película –se quejó bajando la vista.

 –No te entiendo.

 –Vamos, Guille, sabes perfectamente la fama que tengo desde que Ricardo contó lo que contó. Y mi cuerpo no me ayuda mucho –dijo compungida–. Cuando un chico me mira no es en mis ojos en lo primero que se fija.

 –Pues son muy bonitos –le dijo Guille.

 Teté, que estaba oyendo toda la conversación se quedó sorprendida de que Guille fuera capaz de articular un cumplido, pero aún más sorprendida se quedó de las palabras de Lorena sobre su aspecto.

 –Gracias –dijo Lorena con una sonrisa–. Pero si invito a cualquier chico –continuó–, pensará que lo único que quiero es darme el lote con él.

 –Vaya, gracias Lorena –protestó Guille–. Y yo que soy ¿una piedra?

 –Vamos, Guille, no te ofendas. Era un cumplido. Yo sé que cuando me miras lo haces a los ojos . . ., aunque luego bajes más abajo. Pero creo que si te digo que me gustaría ir al cine para ver la película, eres el único del instituto que puede entender de verdad que eso es lo que deseo.

 Lorena calló poniendo el semblante triste. Teté estaba alucinada. Como es posible, se preguntó, que sea tan hipócrita. Claro, no quiere que le metan mano, lo que quiere es meter mano ella, concluyó. ¿Será tan tonto mi hermano de creerla? ¿Cómo es posible que se deje embaucar así?

 –Anda, Guille –le insistió Lorena acercándose más a él y poniéndole morritos.

 –Está bien –claudicó Guille–. Te acompañaré. ¿Sabes? siempre he pensado que eres una buena chica –continuó él–. Aunque he de reconocer que estás un rato buena.

 –Gracias –dijo Lorena ruborizándose y dándole un beso en la mejilla.

 Luego juntándose de nuevo con sus amigas se alejó. También sus amigos se acercaron a Guille.

 –Tío, ¿te ha invitado Lorena a ir al cine? –dijo David.

 –Si, bueno. Pero ya habéis oído: a ver la película –puntualizó él.

 –Claro, claro –dijo Boliche irónicamente.

 –Tíos, que a ver la película –insistió de nuevo Guille.

 –Desde luego, y cuando salgan los zombis y ella quiera cogerse a ti tú te apartarás ¿no? –dijo David–. O le dirás que se coja al tío del otro lado.

 –Pues no sé que es lo que haré –reconoció Guille–. Pero de momento vamos a ver la película, ¿vale?

 –Vale, vale –dijeron sus amigos al mismo tiempo.


 MIENTRAS GUILLE salía de casa rumbo al cine, Yoli entraba en ella.

 –Hola Yoli –saludo Teté.

 –Hola. ¿Qué vamos a ver?

 –No sé. Vamos al Condal.

 –¿Qué película hacen allí? –preguntó Yoli.

 –No lo sé. Creo que una de miedo –dijo Teté aparentando indiferencia.

 –¿Cómo que no lo sabes? ¿Entonces para qué vamos allí?

 –Porque quiero ver que hace Guille con Lorena –reconoció Teté-

 –Tía, a ti que más te da

 –Pues que es mi hermano y quiero vigilarlo.

 –Teté, ¿no estarás celosa?

 –No digas tonterías, Yoli. Sólo que no me fío de Lorena.

 –¿Cómo que no te fías? ¿A ver si te crees que van al cine para pasar el rosario? Pues aprovecharán la oscuridad como hacen todos.

 –Me da igual, pero quiero ver lo que hacen.

 –Bueno, como quieras, vamos al Condal –claudicó Yolanda.

 Entraron en el cine aún con las luces encendidas. Teté estuvo mirando y buscando a su hermano con la vista. Cuando lo localizó se dirigió hacia ellos.

 –Pero Teté, no vamos a sentarnos con ellos –protestó Yoli.

 –Vamos a sentarnos detrás.

 –Joder –dijo Yoli en voz baja–. Vaya palo.

 Cuando se sentaron en la fila de atrás, Guille se volvió, reconociéndolas.

 –Hombre, Teté –le dijo–, tú también te has decidido por la de terror. ¿Por qué no te sientas con nosotros? –la invitó, sin ver la mirada asesina que le dirigió Lorena a ella cuando también se volvió para mirarlas.

 –¡Ah, bueno! –asintió Teté–. Vamos Yoli.

 Se levantaron las dos y se sentaron junto a ellos. Teté desplazó a Yoli para poder
sentarse al lado de Guille.

 Las luces no tardaron en apagarse. Y bastaron las primeras imágenes para que Lorena se cogiera del brazo de Guille para refugiarse en él. Este se giró sorprendido hacia ella, lo que ésta aprovechó para besarle en los labios sin darle tiempo a reaccionar. Teté se dio cuenta de la maniobra de Lorena e inmediatamente se cogió también al brazo de Guille. Este al notar el tirón de Teté dejó de besarse con Lorena.

 –Pero Teté –le dijo–, ¿qué haces?

 –Lo siento –se disculpó esta–, es que me he asustado –mintió, soltándose.

 Guille pronto se arrepintió de haber invitado a su hermana a sentarse a su lado. Cada vez que Lorena y él intentaban acercarse, daba la casualidad que algo asustaba a Teté lo suficiente para que esta se cogiera del brazo de su hermano. Lorena estuvo a punto de pedirle a Guille que se fueran. Sin embargo, terminaron de ver la película. Cuando salieron Guille iba cogido de la mano con Lorena, lo que molestó sobremanera a Teté, aunque no pudo hacer nada para evitarlo.

 –¿Qué hacemos? –preguntó Teté.

 –Yo tengo que volver a casa –se disculpó Lorena.

 –Ah, bueno –asintió Teté.

 –¿Me acompañas? –preguntó Lorena a Guille.

 –Claro –dijo este.

 –¿Les acompañamos nosotras también? –preguntó Teté a Yoli sin ningún rubor.

 –Yo no –dijo Yoli–. También tengo que volver pronto a casa. Anda, acompáñame –le rogó su amiga.

 –Yo  . . , si, claro –claudicó Teté.

 Cuando Guille y Lorena se hubieron alejado un poco, Teté se volvió furiosa hacia Yoli.

 –¿Se puede saber por qué no has querido que los acompañáramos?

 –Por que no soy una carabina. Pero, tía, a ti ¿qué te pasa? ¿Se te ha ido la pinza o qué? Déjalos, querrán besarse a solas y a gusto.

 –¿Pero tú estas loca? –preguntó Teté.

 –No, la que estás loca me parece que eres tú. Aunque quizá debería decir celosa.

 –¿Celosa yo, de qué?

 –Pues de Lorena –afirmó Yoli.

 –Eso no es verdad.

 –Pues entonces déjalos en paz, que se besen y hagan lo que quieran.

 –Pero es que . . . –intentó continuar encontrando excusas Teté.

 –Pero es que nada, Teté –termino Yoli–. Anda, vámonos a casa.

 A regañadientes Teté no tuvo más remedio que seguir a Yoli, aunque de vez en cuando aún se giró hacia a tras por si los veía a lo lejos.

 En casa se sentó en el sofá para ver la tele, pero su cabeza todavía continuaba dando vueltas al asunto. ¿Por qué le importaba tanto lo que hicieran Guille y Lorena? ¿Cómo iba estar ella celosa de Lorena? ¿Por Guille?, ¡venga!, vaya tontería.

 Cuando Guille llegó a casa, era justo la hora de cenar. Todos estaban ya sentados a la mesa.

 –Buenas noches –saludó–. Lo siento se me ha hecho un poco tarde.

 –Supongo que la niña te habrá retenido con sus encantos –dijo Teté con ironía.

 Todas las caras se giraron hacía él con un interés que él consideró desmesurado.

 –¿La niña? –preguntó Diego– ¿Qué niña?

 –He ido al cine con Lorena, y luego la he acompañado hasta su casa –tuvo que reconocer Guille.

 –¿Y habrá habido besuqueo? –afirmó más que preguntó Teté.

 –Pero hija –intervino su madre–, que preguntas son esas.

 –No, no –intervino Marcos en broma cogiendo a Guille por el cuello con su brazo–, que se explique, con pelos y señales.

 –Bueno, algo a pasado –reconoció Guille sonriendo.

 –Será guarra, la tía –intervino Teté.

 –Ya está bien Teté –volvió a intervenir su madre– ¿Qué expresiones son esas? Además, ¿qué te importa a ti con quien salga tu hermano?

 –¿A mí? Nada. Como si se quiere tirar al tren.

 –Venga –zanjó Diego–, todos a cenar y fuera discusiones.

FIN DEL CAPÍTULO


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